Aloha Golf

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McDivott visita Aloha golf club

Habían pasado incontables años desde la última vez que jugué en Aloha. En la actualidad la zona de Nueva Andalucía, en el Valle del Golf de Marbella, es un laberinto con nuevas construcciones en todas las esquinas y una infinita sucesión de rotondas. A pesar de las dificultades, por no mencionar mi bien conocida falta de destreza a la hora de orientarme, pude encontrar finalmente el campo de golf.

Puedo adelantar que el esfuerzo valió la pena y que Aloha es uno de los más impresionantes campos y también su casa club que he visitado en mucho tiempo. Durante los últimos años se han invertido grandes sumas de dinero en modernizar los vestuarios y el restaurantes, y ambas zonas rivalizan ahora con las mejores que ofrece la Costa del Sol. No faltan saunas ni potentes duchas en los vestuarios. Los suelos de madera del restaurante, que combinan a la perfección con el cristal de las mesas, junto con la amabilidad del personal, hacen de cualquier comida una memorable acontecimiento en Aloha Golf.

 

 

Durante muchos años Aloha fue un club exclusivamente de socios, pero este invierno han decidido compartir su tesoro con algunos visitantes, con green fees a 140 euros disponibles desde mediados de diciembre hasta mediados de febrero. Los golfistas que quieran arriesgarse con sus salidas y hagan su reserva con 48 horas de antelación se beneficiarán de cuatro green fees por el precio de tres.

 

La tienda del profesional está en cierto sentido algo anticuada y me recuerda a aquellas habituales en los clubes de golf de Gran Bretaña e Irlanda durante los años 60. Sin embargo, los cambios ya están en marcha y pronto esta zona estará acorde con la grandeza de las otras ya actualizadas del club.

 

Luis Navarro, director general de Aloha, está a punto de cumplir su primer año en este cargo y, asumiendo que sus habilidades profesionales están al mismo nivel que su impresionante capacidad para las relaciones públicas, entonces el club tiene una persona de primera clase al frente de sus designios.

 

A la hora de registrarme, traté con el caddie-master, Simon, que me dio la bienvenida con una sonrisa y se cercioró de que yo tenía una tarjeta del campo, deseándome un feliz juego. Cuando el visitante entra en un club exclusivamente de socios se siente a menudo como un intruso que está siendo tolerado como mal menor. Sin embargo, nunca sentí esa sensación durante mi estancia en Aloha; al contrario, todo el personal me deparó siempre una acogida más que agradable.

 

En cuanto al campo en sí, me encuentro ante un terreno de juego bellamente presentado y con un mantenimiento inmaculado. Al final de mi ronda, la sensación que me queda es de estar ante un campo que rezuma madurez por todos su poros y que está cuidado con gran mimo por el ejército de greenkeepers que me encontré durante mi visita.

 

Tras darme una ducha en los vestuarios ‘palaciegos’, fui al restaurante y saboreé una suculenta baguette que, junto con un botellín de agua y un café, me costaron unos razonables 9,70 euros. La profesionalidad del camarero a la hora de atender un pedido tan minúsculo fue el colofón para un día memorable en un memorable club. Mientras Aloha bien puede ser considerado como uno de los campos caros, el servicio que ofrece debería de servir de ejemplo a los otros campos de la zona que fallan en ofrecer unos niveles necesarios para que la Costa del Sol se mantenga líder en la industria del golf turístico. La mayoría de los golfistas se sentirán totalmente satisfechos por pagar una cantidad extra y disfrutar de una experiencia tan grata como la que proporciona Aloha Golf.

 

Árticulo reproducido cortesia de Andalucia Golf
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