La Ryder pasada por agua vuelve a Europa

Partíamos como favoritos al comenzar la semana de ésta última Ryder Cup. «Partíamos» porque es fácil sentirse miembro de ese equipo, ahora por la victoria, pero también por su composición y la evidente complicidad entre sus miembros.

Con un inicio de competición marcado como nunca en su historia por la lluvia, dejamos de sentirnos tan favoritos conforme avanzaban los partidos por parejas y el marcador se ponía claramente de rojo americano. La maratoniana jornada del Sábado (que a nuestro entender deslució un poco el espectáculo) no ayudo en exceso a recuperar esa confianza, aunque si lo hizo la del Domingo (que finalmente por la lluvia paso a ser la segunda) donde el espíritu de equipo necesario en el juego en parejas, nos hizo terminar con dos puntos de ventaja.

Por primera vez en la historia del torneo, la Ryder pasaba a terminarse en el día posiblemente más odiado del calendario semanal, pero éste Lunes a la postre ha resultado lleno de emoción y alegría para los que seguimos con pasión el golf.  Una jornada final de Ryder que ha vuelto a alimentar, como la mejor de las campañas de marketing, esa leyenda de la que tanto se nutre el torneo creado por el empresario de semillas Samuel Ryder en 1927.

El destino ha querido que no haya sido hasta el último partido en el campo y en el penúltimo hoyo, que se decida la contienda. También ha querido que haya sido en norirlandes Graeme McDowell, sobre el que haya recaído todo el peso de la responsabilidad y los cientos de millones de ojos que seguían cada uno de sus golpes. Es parte del golf. Incluso a estos señores acostumbrados a putts para ganar o perder cientos de miles de euros, les tiembla la mano a la hora de jugar por algo supuestamente más noble que el dinero, y puede que ahí sea donde resida todo.

Miguel Angel con la bandera firmada por el equipo de la Ryder 2008 que donó para una subasta benéfica.

En lo que a los españoles nos compete, Olazabal y Sergio García han cumplido su papel de ayudantes del capitán y han disfrutado de la Ryder en primera fila a cambio de su apoyo a los jugadores. Jiménez, el malagueño de Churriana, ha tenido otra ocasión más de celebrar por todo lo alto un triunfo en la Ryder, que a él, en el tramo final de su carrera en el circuito profesional, seguro que sabe todavía mejor que a otros más jovenes y acostumbrado al éxito. Para alguien que empezó a jugar al golf de adolescente y a despuntar en la treintena, es todo un logro escribir su nombre otra vez en el libro de vencedores de la Ryder Cup. Seguro que las banderas firmadas que se traiga de Celtic Manor son para él todavía más valiosas que las de la edición 2008 (que en la foto cedió amablemente para una subasta benéfica en Lauro Golf).

La próxima edición en Europa será dentro de cuatro años, nada menos que en Gleneagles en Escocia. Si para entonces no se ha resuelto el lío de fechas que obliga a retrasar el torneo hasta Octubre, cosa muy poco probable, puede que sea una buena ocasión para sugerir a España como sede permanente del torneo si llueve como lo ha hecho en Gales y como cabe esperar en esas fechas por esas latitudes.