McDivott visita Desert Springs

Vaya cambio al llegar a Almería procedente de los por lo general enloquecedores aeropuertos internacionales. Lo pequeño es bello. Un pequeño paseo me llevó desde el avión hasta la terminal. El equipaje apareció como por arte de magia, cogí el coche de alquiler de Niza Cars y me puse en marcha. La ausencia de estrés y la eficiencia que encontré me retrotrajo a muchos años atrás cuando viajar en avión era un dominio exclusivo de unos pocos privilegiados.

Dessert Springs

 

El objeto de mi visita era jugar en los campos tipo desierto que hay en Almería, esto es, Desert Springs y Valle del Este, localizados ambos al este del aeropuerto.

 

En el camino me puse a meditar sobre el fenómeno turístico del golf. La provincia de Almería está cuajada de historia y, muchísimo antes de que alguien oyera hablar del golf, esta tierra dio la bienvenida a griegos, romanos y árabes, quienes dejaron todos ellos su impronta en la zona. Ciertamente, la enorme Alcazaba que se alza majestuosamente sobre la ciudad de Almería es una evidencia palpable de su pasado morisco.

 

Los contrastes en la campiña son enormes. Pinares y ríos trucheros, las estribaciones de Sierra Nevada y el desierto de Tabernas constituyen cambiantes paisajes en esta tierra. Me vino a la memoria Clint Eastwood y sus innumerables spaghetti westerns filmados en esta zona con reminiscencias de Nuevo Méjico. Esta nostalgia merece por sí sola el viaje.

 

Dejé la autovía de Murcia y me dirigí hacia Palmares, y cuando el coche pasó cerca de unas cuevas habitadas en las laderas, por no mencionar al viejecito que guiaba a su burro con una cuerda, tuve la impression de estar viviendo un par de siglos atrás. En menos de una hora me había plantado en Desert Springs Resort, localizado en una meseta que sobrevuela el valle de Almanzora. Saber que estaba en el primer campo de estilo desierto de Arizona que se hizo en Europa me causó cierta ilusión. Pero antes de hincarle el diente al campo me fui a comer.

 

Tras tomarme una sopa que me calentó la osamenta en un día frío como aquel, disfruté de los mejores cangrejos de río que he probado en mucho tiempo. Qué placentero y satisfactorio comienzo de una tarde que esperaba con auténticas ganas.

 

El campo de Indiana en Desert Springs surgió de la mente de Peter McEvoy, conocido jugador amateur y antiguo capitán de la Walker Cup. Observando el campo de golf me maravillé del acierto de McEvoy a la hora de fijarse en ese terreno absolutamente árido y crear allí un campo con sus calles, greenes, búnkers y muchos cactus. Es un auténtico desierto y, para alguien que creció en los legendarios links de Irlanda, el impacto visual es algo a lo que uno no se acostumbra al momento.

 

En el primer tee el impacto fue inmediato y algo asombroso. El tee circular estaba rodeado de cactus y flores y parecía inmaculado, pero la vision hacia abajo del primer hoyo era intimidatoria. En este largo par 5 la bola debe de volar sobre una zona desértica a una calle en la lejanía que luego se mueve suavemente hacia la derecha y sube hasta un gran green que está bien protegido por búnkers a ambos lados.

 

Tras haberme enredado en este difícil hoyo, me reconforté en el segundo, un par 3 de 145 metros desde amarillas. El green está ligeramente elevado en este hoyo, el más fácil del recorrido. El tres es otro par 5 pero más corto que el primero. Una amplia calle acogerá el drive en un bonito hoyo rectilíneo, aunque hay que concentrarse para evitar los búnkers de la calle y no distraerse con la figura de un caballo que se alza majestuosamente a la derecha de un green que está bien protegido en su frontal con búnkers y cuya superficie se caracteriza por fuertes inclinaciones, una pesadilla a la hora de patear.

 

El cuarto hoyo precisa un drive sobre una zona totalmente yerma, y en el golpe de aproximación hay que evitar las rocas que hay a la derecha del green. El cinco es un par 4 corto de 305 metros con peligrosos escondrijos en una amplia calle. Hay agua a la derecha. El sexto hoyo es también corto, de 260 metros, pero con muchas trampas. El agua hace que haya que andarse con ojo para colocar la bola cerca de green. En el 7, par 4, el peligro viene de una quebrada que cruza la calle. Un río, aderezado con rocas, fluye delante del green.

Almeria golf

El 8, par 3, se juega sobre una zona de flores, cactus y arbustos a un green que está delante de una vieja hacienda. El hoyo final de la primera vuelta es el par 5 más corto del campo y cuando estaba en el tee me chocó realmente qué diferente resulta un campo tipo desierto. Vastas áreas desérticas y una leve calle entrevista en la lejanía. Los cactus, algunos de hasta cuatro metros de altura, tienden a distraerte.

 

Ya en la segunda vuelta, me llamó la atención el nombre del hoyo 13, “Oh, Mama”. Creo que esa sería una de las expresiones más educadas usadas por los golfistas cuando están en el tee y ven lo que tienen por delante. A unos 200 metros, un obstáculo corta la calle y luego desciende a la derecha antes de cortar otra vez la calle. El green está muy protegido por búnkers al a derecha mientras que por detrás hay un lago.

 

El campo termina con un par 4 cuya calle se mueve con suavidad hacia la derecha, donde está bordeada de palmeras. Por el lado izquierdo el peligro tiene forma de río, que serpentea y fluye por debajo de un puente de madera hasta convertirse en un lago por detrás del green. De nuevo, la precisión es la clave para triunfar. El enorme green tiene 50 metros de largo aunque sólo 12 de ancho. Los siempre presentes cactus están a ambos lados del green.

 

La experiencia de jugar este campo permanecerá mucho tiempo en mi memoria. Pegar recto con el driver es esencial si se pueden evitar las zonas desérticas, y es muy de destacar el gran contraste ente las espectacularmente bien preparadas zonas de juego y el árido desierto.

 

Los golfistas, acostumbrados a jugar en campos de cuidadísimo césped, encontrarán en esta obra maestra de McEvoy una experiencia algo desconcertante, pero los 80 euros del green fee le proporcionarán unos recuerdos que permanecerán mucho tiempo en su memoria.

 

Árticulo reproducido cortesia de Andalucia Golf
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